ENTRADA

 

CAPêTULO DIECINUEVE

 

El Coraz—n del Mentor

 

ÁExcelentes noticias! La preparaci—n de l’deres es simple.

Pero Áojo! No he dicho que sea f‡cil. Los seres humanos son complejos, cada uno con su personalidad y pecados.

En el Cap’tulo Uno, ya descubrimos que existe una sola filosof’a cristiana de liderazgo...el liderazgo del siervo, que est‡ dispuesto a sufrir por sus seguidores y servirlos con la dignidad acorde al hombre como imagen de Dios.

As’ como existe una sola filosof’a b’blica de liderazgo cristiano, tambiŽn hay solamente una perspectiva b’blica de preparaci—n de l’deres: el trabajo de mentores.

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Existe una sola filosof’a b’blica de

preparaci—n de l’deres:

la labor de mentores.

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ÀEN QUƒ CONSISTE LA LABOR

DE UN MENTOR?

 

Este trabajo es un proceso que involucra una relaci—n entre el l’der y el seguidor que se prepara para el liderazgo. Esta obra incorpora conceptos abstractos que siempre giran alrededor de las relaciones

Aunque el tŽrmino mentor no aparece como tal en las Escrituras, s’ se describen sus funciones a travŽs de toda la Biblia. Podemos observar este proceso entre MoisŽs y JosuŽ, El’as y Eliseo, Cristo y sus disc’pulos, Pablo con Timoteo y con sus candidatos a ancianos.

 

  El primer principio de mentores es....

     La labor de mentores es relacional.

 

UN PROCESO HOLêSTICO

 

Este trabajo es relacional y hol’stico, pues abarca todas las esferas humanasÉ cuerpo, alma y mente. Las disciplinas acadŽmicas son importantes, mas no prioritarias. Las relaciones anteceden a lo acadŽmico, en su orden espec’fico: primero con Dios, despuŽs con los hombres.

Cristo, por ejemplo, se mostr— m‡s interesado en lo concerniente a la relaci—n de los disc’pulos con El como su Se–or, que en lo que tuviera que ver con el ministerio o la comprensi—n de la ley de MoisŽs. Si no existe esta relaci—n, ya estar’amos rompiendo la ley, de todas maneras, aun cuando la hayamos cumplido al pie de la letra, porque hemos ido contra el esp’ritu mismo de dicha ley.

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La preparaci—n b’blica para liderazgo

es hol’stica.

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Esta es la raz—n por la cual, en el programa de preparaci—n de Visi—n R.E.A.L., la vida devocional ocupa el primer lugar. Es nuestra relaci—n con Dios. El curso de liderazgo ocupa un segundo puesto. Es nuestra relaci—n con los dem‡s.

Este tipo de aproximaci—n la vemos en las exhortaciones de Pablo al joven pastor Timoteo.  Pablo consideraba que todos los aspectos de la vida de Timoteo daban soporte a su liderazgo, por lo tanto, Pablo tomaba en cuenta todas las ‡reas de la vida de Timoteo.

Pablo incluso se refiri— a la salud de Timoteo, d‡ndole algunos consejos al respecto.

 

Porque el ejercicio corporal, para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovechaÉ I Tim. 4:8. Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu est—mago y tus frecuentes enfermedades.

                    -I Tim. 5:23

 

La preparaci—n de Pablo a Timoteo no refleja en nada la delimitaci—n del pensamiento que prima en nuestra actual cultura occidental. Hoy en d’a, algunos podr’an considerar esto como una intrusi—n. Pablo, en cambio, lo ve’a como natural el dar consejo a Timoteo en estas ‡reas privadas de su vida. Las razones para proceder as’, se las encuentra en el amor y cuidado hacia Timoteo.

 

  El segundo principio de mentores es....

     La labor del mentor es hol’stico.

 

ÀQUƒ DEL INTELECTO?

 

ÀEl trabajo de mentores reemplaza a la preparaci—n acadŽmica? ÁDe ninguna manera!

 

En el diagrama uno, los c’rculos son de diferentes di‡metros, a prop—sito. El trabajo de mentores es lo primero y lo m‡s importante. Lo acadŽmico es valioso, pero secundario.

ÀPor quŽ? Si a una persona que ha sido discipulada le faltan conocimientos, se sentir‡ motivada a adquirirlos, incluso en forma autodidacta por medio de libros. Dios lo usar‡, a pesar de estos vac’os de conocimiento.

ÀEn cambio, quŽ de la persona con una docena de t’tulos, pero pobremente discipulada? ÀQuŽ si no tiene vida devocional o su familia est‡ desorganizada o mantiene desacuerdos con sus colegas? Todo su conocimiento no suple esas deficiencias.

Varios mentores de la Biblia escribieron obras extensas para ser estudiadas y aprendidas por sucesivas generaciones. MoisŽs, Pablo y Santiago no eran anti-intelectual de ninguna forma. Eran personas brillantes que valoraban el conocimiento.

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Lo acadŽmico es esencial

pero no principal.

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Hay que evitar las influencias que no valoran el intelecto. Tales tienden a disminuir la imagen de Dios a pesar de recalcar otros aspectos de la vida cristiana. Lo acadŽmico no es prioritario, pero s’ indispensable.

 

  El principio nœmero tres es...

 

     La labor del mentor es inseparable de lo acadŽmico.

 

LA CAJA DE HERRAMIENTAS DE UN MENTOR

 

Cuando nos referimos a las relaciones en la obra de mentores, estamos hablando de dos ‡reas espec’ficas en el siguiente orden: relaciones con los colegas, como lo vimos en el Cap’tulo Dieciocho y, relaciones con las personas que ministramos.

ÀQuŽ debe exactamente hacer un mentor? ÀQuŽ mŽtodos emplear‡?

 

MODELAR E ENSE„AR

 

Modelar: -Observe c—mo lo hago. DespuŽs, haga lo mismo.

Ense–ar: -DŽjeme explicar por quŽ hago esta obra de esta manera y no de otra. La raz—n de que no le salieran bien a usted las cosas de esa manera esÉ.etc.

ÀC—mo trasladar la teor’a a la pr‡ctica? Muchas teor’as proponen ciertas respuestas. La respuesta que da la Biblia es <<un mentor>>.

El preparador de l’deres por excelencia es Cristo. El model— c—mo echar fuera demonios y sanar a los enfermos. Luego, mand— a sus disc’pulos que lo hicieran, y funcion—.

Hubo un d’a en que no pudieron echar fuera un demonio (Marcos 9:28-29). Entonces, Jesœs les revel— que ese gŽnero de demonio requer’a otra t‡ctica, la de la oraci—n.

Vemos all’ un excelente escenario did‡ctico. Primeramente, Jesœs ense–a el procedimiento b‡sico. Luego, permite una excepci—n y adem‡s, modela c—mo manejarla.

ÀPor quŽ es eficaz el modelar? Porque se aprende mejor mientras m‡s sentidos usamos. Si escuchamos algo, utilizamos solo el o’do. Si lo escuchamos y lo vemos escrito, estamos utilizando el o’do y la vista. Si lo escuchamos, vemos, palpamos y hablamos acerca de algo, la retenci—n se multiplica exponencialmente.

Un ejemplo de lo dicho es la impresi—n tangible que Cristo hizo sobre Juan, como expresado en I Juan 1:1:

 

Lo que era desde el principio, lo que hemos o’do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida.

 

El’as y Eliseo ten’an un estilo de ministerio tan similar, que me confundo entre ellos. ÀSe tratar‡ de una coincidencia? Lo dudo.

El’as era el mentor y Eliseo el estudiante atento. ÀC—mo sabemos que era atento? Porque cuando El’as fue tomado y llevado al cielo, Eliseo comenz— a actuar exactamente como El’as, con el mismo tono de autoridad.

Tener un buen mentor constituy— una gran ventaja para Eliseo, quien luego desarroll— su propio estilo posteriormente.

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Modelar y ense–ar

son los herramientas

del mentor.

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SITIO DE CHARLA

 

Escuchemos a tres seminaristas y su profesor, mientras juntos discuten el concepto de mentor. El profesor Jaime es adem‡s un respetado y exitoso pastor. Guillermo estudia para pastor y a la vez trabaja como contador. JosŽ est‡ cursando su œltimo semestre y es pastor de j—venes en una iglesia local: es un tipo atlŽtico y serio. Susi est‡ en su segundo a–o y es una chica muy vivaz y graciosa. Los cuatro se encuentran en la sala de conferencias, luego de su clase con el profesor Jaime:

 

-ÁOye! Esto es como tratar de agarrar humo-,dice JosŽ, inclinado hacia delante.

-No me gustan las ambigŸedades y toda esta idea de las relaciones me suena muy ambiguo. Si esta cuesti—n sobre los mentores no se me aclara pronto, creo que me marcho pronto. Lo filos—fico me aburre.

Jaime comienza a dar una explicaci—n, cuando Guillermo irrumpe. -No tanto JosŽ. Creo que ya capto un poco por d—nde va lo de Jaime. La idea de las relaciones es difusa hasta que no nos metemos en el asunto. A medida que una relaci—n avanza, deja poco a poco de ser una idea, y se vuelve una realidad.

Guillermo hace una corta pausa y continœa. -De hecho, mientras m‡s larga y profunda es una relaci—n, m‡s concreta se vuelve.

-Me suena a que no existe un sistema r‡pido para formar l’deres -, dice Susi.

JosŽ se r’e y a–ade, -Y a m’ me suena a que tœ ya est‡s llegando al punto, Susi.

-Okey, Jaime, parece que ya entiendo un poco-, dice JosŽ. -Pero, tengo una pregunta. Tœ nos hab’as dicho que es f‡cil, pero establecer relaciones no es f‡cil, Àc—mo cuadras esto con lo que nos hab’as dicho de que el proceso de mentores es algo b‡sicamente f‡cil?

-JosŽ, yo no dije que fuera f‡cil. Dije que era simple. Quiero decir simple en su idea b‡sica. El proceso en s’ no es f‡cil en absoluto, porque la gente es compleja con toda clase de problemas.

-ÀNo hay atajos? - pregunta Susi.

-ÁOh, s’! Hay uno. El que muchos emplean en la preparaci—n de l’deres. Es f‡cil, m‡s r‡pido y no representa peligro alguno para el ego de nadie. Manden a la gente a tomar una serie de cursos. Ya se mencion— antes. -ÁO algo aœn mejor! -dice Susi con sarcasmo. -ÁQue reciban cursos por correspondencia! 

JosŽ comenta, siguiendo la misma t—nica: -As’ ganan sus crŽditos y su t’tulo sin tener que interactuar con nadie. Tienen prueba de su preparaci—n para el liderazgo, la enmarcan y la cuelgan en la pared.

Guillermo murmura algo no muy bajito a que todos escuchen, -Ah, JosŽ ya lo va captando. Los cursos, crŽditos y diplomas no son atajos. Son formas que permiten a ambas partes, el l’der y el estudiante, evitar el proceso de relacionarse, porque toma tanto tiempo y es una amenaza a los egos. Este tipo de preparaci—n puede ser bueno, pero deja algo fuera.

-ÁS’! - exclama Susi, -ÁLo que deja fuera es el Cristianismo!

Todos se r’en, Jaime pone las manos en la mesa, para llamar la atenci—n del grupo. -Tal vez lo han exagerado un poco, pero casi es as’. Quedan fuera  el alma y coraz—n del CristianismoÉ Álas relaciones! ÀY c—mo queda  un cuerpo sin alma ni coraz—n?

Todos, a una voz, contestan, -ÁMUERTO!-

Otra vez, se les oye re’r.

 

EL CONCEPTO OCCIDENTAL

 

En el comentario final del grupo se expone un defecto fundamental de programas de preparaci—n de l’deres vigentes: Domina lo acadŽmico.

En cat‡logos de seminarios, los programas de preparaci—n de l’deres son descritos como una serie de Ôcursos.Õ Los programas de correspondencia se basan tambiŽn en la premisa de -!Tome estos cursos y estar‡ listo para el liderazgo cristiano!

ÀC—mo se desarroll— este procedimiento? La respuesta apunta a una diferencia entre dos tipos de cosmo-visi—n.

Las culturas occidentales tienen a ser dualistas, percibiendo la realidad como dos esferas distintas, lo espiritual versus lo material. El pensamiento oriental es mas hol’stico, viendo la realidad como una unidad, lo espiritual y lo material inseparablemente mezclados.

Por este motivo, el Pante’smo permea en las religiones orientales como el Budismo y el Hinduismo (El Pante’smo sostiene que <<todo es dios>>. Para ellos, esto no significa que Dios est‡ en todas partes. Los pante’stas asumen que un ‡rbol, un animal o un ser humano, son literalmente partes de <<dios>>.)

Las pel’culas de artes marciales reflejan el pensamiento hol’stico oriental. En estas pel’culas, a menudo se describe un fuerte lazo entre el hŽroe y el mentor que lo entrena en tales artes.

En tŽrminos simples, un oriental afirma que el universo es uno solo. Un occidental lo mira como dos o m‡s cosas. Adem‡s, el pensamiento occidental  es humanista y se enfoca en la gloria del ser humano.

Este dualismo y humanismo se originan en la Antigua Grecia. Alejandro Magno conquist— el Mundo Antiguo junto con el humanismo griego.

La filosof’a griega asume que el conocimiento produce sabidur’a y virtud. Los Estoicos supon’an que el estudio de la naturaleza les permitir’a penetrar en el significado del universo y la fuerza que lo sostiene. Eso no result—; fue un fracaso.

La Biblia sostiene que la sabidur’a es esencialmente relacionalÉ primero con Dios y luego con los dem‡s. Adquirir conocimientos es parte de la sabidur’a, pero no su principio. El intelecto es importante, pero no es lo esencial.

 

El temor de Jehov‡ es el principio de la sabidur’a, Y el conocimiento del Sant’simo es la inteligencia.

           -Proverbios 9:10

 

Alrededor del Siglo V, el Cristianismo domina el mundo occidental. Al inicio de la Edad Media, los acadŽmicos se enamoraron de la cultura griega pre-cristiana. Se refer’an a la Žpoca griega, antes de las conquistas romanas, como la Edad Dorada. Las filosof’as griegas les parec’an tan profundas y verdaderas.

ÀQuŽ suceder’a si se pudiera fusionar lo mejor de la cultura griega con el Cristianismo? ÀNo ser’an as’ mejores cristianos? Se asegurar’a el nacimiento de una nueva edad dorada. Lo que los acadŽmicos de entonces no consideraron, era las ra’ces humanistas y su Žnfasis en el intelecto humano.

Los acadŽmicos medievales inventaron el sistema universitario. Los requisitos para todos los estudiantes de universidades eran: Teolog’a, acompa–ada de los cl‡sicos griegos y latinos. Para graduarse de abogado o doctor, tomaban ÔcursosÕ que inclu’an estas materias.

ÀY quŽ si un estudiante quer’a dedicarse a la obra de Dios? Asimismo, tomaba <<cursos>> y se graduaba de l’der cristiano. ÀFue exitoso tal sistema en producir algœn nueva edad de oro? ÁDe forma ninguna!

Las escuelas b’blicas y seminarios actuales a menudo realizan un trabajo reconocido en la preparaci—n acadŽmica de l’deres. Sin embargo, estas instituciones son un reflejo del sistema universitario en un esquema religioso con premisas filos—ficas similares a las de la universidad. Sin darse cuenta, repiten el error filos—fico de arriba, al revertir las prioridades entre lo relacional y lo acadŽmico.

El punto: La Biblia es un libro oriental. Su mensaje es hol’stico, sin distinci—n entre lo secular de lo religioso, o entre lo espiritual y lo material. Un sistema de preparaci—n de l’deres b’blico debe reflejar esta cosmo-visi—n hol’stica.

 

TRADICION BêBLICA vs. TRADICION OCCIDENTAL

En la Filosof’a de Preparaci—n de L’deres

 

BêBLICA

TRADICION OCCIDENTAL

Relacional

AcadŽmica

Relaci—n personal con un mentor

La relaci—n con los maestros no es esencial.Algunos profesores incluso no la recomiendan, para mantener <<objetividad>>.

La sabidur’a se adquiere a travŽs

de una relaci—n con Dios y los dem‡s

La sabidur’a se adquiere por medio del conocimiento, especialmente de Filosof’a.

MŽtodo de ense–anza: Modelar.

(Siga mi modelo. Lo realizo as’ por estas razones)   

 

 

MŽtodo de ense–anza: Una serie de cursos con profesores.

(Esta es la teor’a. Ahora vaya y p—ngala en pr‡ctica por su cuenta)

Se aprende haciendo.  

Se aprende oyendo.

La teor’a y la pr‡ctica se las

aprende simult‡neamente, a travŽs del ministerio.    

La teor’a precede a la pr‡ctica.

Lo acadŽmico es importante, pero

Secundario.   

Lo acadŽmico es lo esencial.

 

 

 

De este cap’tulo aprendemos:

 

1.   La preparaci—n de l’deres es principalmente relacional, por medio de la labor de mentores.

 

2.   La labor de mentores es un proceso de discipulado, que involucra la existencia de una relaci—n entre el mentor y el estudiante.

 

3.   La labor del mentor es hol’stico, comprende a la persona en su totalidad.

 

4.   La labor del mentor es inseparable de lo acadŽmico.

 

5.   Los medios de esta labor son el modelar y la instrucci—n.

   A. El mentor muestra con ejemplos c—mo hacer el ministerio

   B. El mentor explica por quŽ realiza las cosas de cierta manera.

 

6.   El concepto occidental de preparaci—n enfoca primordialmente en lo acadŽmico.

 

7.   La tradici—n occidental coloca la teor’a antes de la pr‡ctica, a diferencia del procedimiento b’blico, donde ambas van simult‡neas, por medio de la labor del mentor.

 

8.   Algunas instituciones afirman estar preparando l’deres, cuando m‡s correcto ser’a decir que imparten entrenamiento acadŽmico.


Preguntas de Estudio del Capitulo Diecinueve

 

1.    Describa la filosof’a b’blica de la labor del mentor en la preparaci—n de l’deres.

 

 

2.    ÀCu‡les son dos herramientas para la labor del mentor y c—mo se vinculan?

 

 

 

3.    ÀCu‡les son los tres principios de la labor de un mentor, descritos en este cap’tulo?

 

 

4.    ÀCu‡les son algunas de las diferencias fundamentales entre las premisas de un sistema b’blico de preparaci—n de l’deres y la tradici—n occidental?
CAPITULO VIENTE

 

ÀQuiŽn Es Competente Para Mentor?

 

Tu llamado para el liderazgo incluye un llamado para ser mentor.ÀPor quŽ? Ambos vienen en un solo paquete.

Recuerde que un producto principal de un l’der cristiano es la creaci—n de nuevos l’deres. Esta es la parte prioritaria de su descripci—n de trabajo. En II Timoteo 2:2, dice as’:

 

Lo que has o’do de m’ ante muchos testigos,

esto encarga a hombres fieles que sean id—neos

para ense–ar tambiŽn a otros.

 

Es decir que, si usted recibe el llamado a un cargo de liderazgo b’blico, como Pastor o Anciano, tambiŽn es llamado a ser mentor.

ÀSe siente usted competente? Posiblemente no. ÀNo ser’a agradable sentirse competente? No. Lo que ser’a es arrogante. Ni siquiera el ap—stol Pablo se sinti— competente.

 

No que seamos competentes por nosotros mismos, para pensar algo de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, (6) el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pactoÉ

           -2Corintios 3: 5-6

 

Como un equilibrista con su vara, debemos agarrarnos de estas dos realidades: - Nunca serŽ competente para funci—n alguna en el reino de Dios. – Por la gracia divina, puedo hacerlo todo.

El asunto es el llamado, no la competencia.

 

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy.

           -I Cor. 15: 10

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La sola gracia

nos hace competentes

para ser mentores.

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AsomŽmonos nuevamente al sitio de charla y observemos c—mo los estudiantes luchan con esta cuesti—n de la competencia:

 

- Profesor Jaime, tengo que confesarle algo, -dijo Guillermo- la idea de ir y decirle a alguien que yo deseo ser ejemplo a seguir en cuanto a vida cristianaÉ

Jorge interrumpe, –Suena a muy orgulloso, Jaime. Como si yo me las supiera todas. ÀAcabando de entrar al ministerio y voy a poder ser el modelo de alguien? ÁAh, s’, claro!

- En realidad, la palabra orgulloso se me cruz— por la mente tambiŽn a m’, asinti— Guillermo. Pero no quer’a decirlo de frente.

Susi intervino, -Porque tu, en cambio, tienes buenos modales.

Jorge , moviendo la cabeza, le dice: - Susi, Áhabla en serio!

- ÁEy!, escuchen al profesor -es Susi contraatacando-, seguro que el cuento todav’a no se acaba.

Guillermo interviene:

- Les explico por quŽ dije eso. Estoy dictando una clase de ApologŽtica a un grupo de laicos, la verdad es que, sin ser tan bueno en ApologŽtica, me toca ser el profesor. Solo estoy un cap’tulo delante de los alumnos. ÁOren para que no se descubra que soy un fraude!

Jaime (incorpor‡ndose) dice: - No eres un fraude, Guillermo. Tampoco lo es ninguno de nosotros. De hecho, si ustedes piensan distinto, para m’ ser’a decepcionante.

- Pero tœ ya llevas tiempo en el ministerio, objet— Susi, Àalgo as’ como unos 30 a–os?

- Treinta y ocho para ser exactos. Pero les quiero decir un secreto. Sigo siendo incompetente. Jaime hizo una pausa.

- No tan incompetente como hace treinta y ocho a–os. Pero he de morir incompetente. Miren de nuevo el vers’culo. Pablo declara ser incompetente tambiŽn, y Áyo no soy el ap—stol Pablo

Jaime lee II Corintios 3:4-5,

Y tal confianza tenemos mediante Cristo, para con Dios; (5) no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia viene de Dios.

El profesor continœa diciendo: - El sentido de competencia de Pablo le viene de su relaci—n con el Esp’ritu, no por su inteligencia, experiencia, o nada de eso. Su caminar personal con Cristo, conjugado con el conocimiento de lo que Dios lo ha llamado a hacer, era el terreno en que pisaba. Pablo declar— su dependencia de Dios en cuanto a su aptitud, y as’ fue como Dios us— su inteligencia y experiencia como los medios para su labor de mentor.

Susi se reclin— en la silla – De ley, esa es una de las paradojas del reino. Debemos reconocer nuestra incapacidad, para poder ser competentes.

-Como que debemos admitir nuestra dependencia del Se–or para poder hacer bien nuestra tarea de mentores-, a–adi— Guillermo. Debe existir un nombre para todo esto.

-S’- dijo Jaime. -Se llama fe. Recuerdan lo que dije al inicio del curso acerca de la gracia divina en el ministerio?

Jorge contest— – Algo como: No existe ningœn trabajo en el reino de Dios, para el cual uno es competente. Todos funcionan por su gracia.

-Entonces, dijo Susi haciendo una pausa –Dios dice: ÔTœ eres incompetente. Ahora, vŽ y hazlo.Õ

-Exactamente- dijo Jaime- Ahora ustedes, chicos, vayan y h‡ganlo.

 

UNA RARA SITUACIîN

EN SUDAMƒRICA

 

ÀAœn sintiŽndose inadecuado? Espero que s’. Es dif’cil superar una experiencia que tuve en un peque–o pa’s sudamericano, con una denominaci—n en crecimiento y con cerca de cuarenta iglesias.

Los l’deres hab’an descubierto cierta literatura acerca de teolog’a y gobierno Reformados y les hab’a encantado. Me pidieron que guiara a toda la denominaci—n en estas dos ‡reas.

Me impact— el hecho de que yo fuera el primer y œnico modelo de lo que un ministro reformado debe ser. ÀEstar’a Dios jug‡ndome una broma? Casi lleguŽ a pedir a Dios que mandara a otra persona. Luego, recordŽ que MoisŽs se meti— en problemas por intentar algo similar.

Pero Àc—mo habr’a yo de ocultar mis faltas, con el fin de que los nacionales no cayeran en las mismas? En el pasado, la œnica persona que cre’a que yo era bueno para encubrir mis faltas, era yo mismo.

Sin embargo, ya he impartido ense–anzas en dicha denominaci—n, en tres ciudades, y sigo siendo el œnico modelo que ellos conocen. Y, a pesar de todo esto, siguen creciendo. No sŽ si el Se–or ha cubierto mis defectos o ha otorgado tanta gracia a los nacionales como para que las ignoren. De cualquier modo, El me ha usado y ellos est‡n avanzando.

 

NUESTRAS DEFECTOS

SON NECESARIAS

 

Gracias a Dios por las defectos de los personajes b’blicos. Sin ellas, carecer’amos de un concepto global de la realidad del ministerio. Dios tiene su caja de herramientas para perfeccionar a sus hijos. Unas de estas herramientas son nuestras propias faltas.

El Se–or no toma para nada en cuenta nuestra propia bondad para el logro de algo. Lo que desea es nuestra disposici—n para hacer su voluntad.

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Dios usa hasta nuestros

defectos personales

en el proceso de preparar l’deres.

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Una charla entre el profesor Jaime y Jorge el Pastor de j—venes, subraya este punto:

 

-Entonces, Dios pasa por alto nuestras defectos en el trabajo de mentores y nos usa de todos modos, Àcorrecto?- pregunta Jorge.

-M‡s que pasarlas por alto, Jorge. Usa nuestras defectos como herramientas en el proceso.

Jorge se frota el cuello, pensativamente. – Esa es la mayor paradoja que puede haber. Me pone la piel de gallina.

-Pero, es algo muy liberador cuando lo piensas y analizas, Jorge. Antes, yo pensaba que se deb’a ser excelentes personas para poder ser mentores.

- Si Dios utiliza nuestras defectos como parte del programa, entoncesÉ- Jorge dice vacilante. – Entonces, somos libres de ser como realmente somos, m‡s autŽnticos.

Jaime sonr’e – Ahora deja que te pregunte. ÀQuŽ tipo de mentor crees que Dios va a querer usarÉ un autŽntico o uno no autŽntico?

Jorge est‡ at—nito y se agarra la cabeza. ÁVaya! ÁEso s’ que duele! Parece que lo que nos est‡s tratando de decir es que Dios quiere que seamos autŽnticos y que le dejemos usar nuestras defectos en el desempe–o de la obra.

- Te voy a decir un secreto- dice Jaime en confianza – Me cost— mucho tiempo dejar de tener miedo de mis faltas, mientras hac’a mi labor de mentor.

- Pero todo esto implica buenas noticias!

- En realidad, Áson las buenas nuevas del Evangelio mismo.

 

ÀHE RECIBIDO LA UNCIîN

PARA ESTO?

 

Asuma que tiene la unci—n y proceda de acuerdo con eso. ÀPor quŽ raz—n nos hubiera llamado Dios al ministerio sin habernos equipado para la obra? La Biblia nos dice:

 

Pero la unci—n que vosotros recibisteis de Žl permanece en vosotrosÉ

                -1Iuan 2:27

 

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

                -Romanos 11:29

 

ÀTENGO LA PERSONALIDAD ADECUADA

PARA PREPARAR A LêDERES?

 

Un amigo m’o deseaba entrar al servicio en cierta Misi—n. Como parte del proceso de aplicaci—n, tuvo que rendir pruebas psicol—gicas extensas, a m‡s de una entrevista con un psic—logo.

Durante la entrevista, el psic—logo le dijo: - Lamento comunicarle que sus pruebas psicol—gicas muestran que usted no es apto para el servicio misionero. No puedo darle mi recomendaci—n para el consejo de la Misi—n.

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Dios sabe usar cualquier clase de

personalidades para ser mentores.

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Lo que ese psic—logo no sab’a era que mi amigo hab’a ya servido en el campo misionero por 25 a–os, habiendo coordinado la fundaci—n de varias iglesias y servido como l’der de campo y equipo en dos pa’ses, donde adem‡s prepar— a muchos para el ministerio.

El siguiente d’a, cuando este amigo se present— ante el Consejo de la Misi—n, el moderador le dijo:

-Usted sabe que el psic—logo no le ha recomendado. Pero, hemos aprendido a tomar esta recomendaci—n muy a la ligera. Examinamos m‡s la experiencia y los logros. Bienvenido a la familia.

Por dŽcadas, las corporaciones aceptaron las teor’as psicol—gicas m‡s modernas de gerencia. Antes del otorgamiento de cualquier posici—n de liderazgo, el perfil psicol—gico sigue siendo obligatorio en muchas compa–’as grandes.

La noci—n de perfiles psicol—gicos tambiŽn ha influenciado a las organizaciones cristianas. Esta moda es solo eso, una moda.

Las œltimas investigaciones de dirigencia de negocios muestran que no existe relaci—n entre los tipos de personalidad y el Žxito en liderazgo.[i] Ciertas virtudes claves hacen que las diferencias entre personalidades sean irrelevantes.

La integridad, el valor para tomar riesgos y la dedicaci—n total a una visi—n, hacen que las evaluaciones de personalidad sean secundarios. Cualquier personalidad dada, sea extrovertida, o fuerte y firme, fracasar‡ en el liderazgo si el individuo no presenta dichas cualidades.

Los estudios sobre dirigencia han descubierto que ciertos tipos de personalidad introvertida lograron grandes desempe–os versus personalidades agresivasÉsi es que pose’an tales caracter’sticas.

La Biblia exalta la virtud. El mundo valora la personalidad.

 

ÀCîMO PODRçN RECONOCER MIS DISCêPULOS

MI LLAMAMIENTO COMO MENTOR?

 

Cierta vez que dictaba un curso en el Ecuador, un estudiante manifestaba una actitud muy hostil hacia m’. Siempre hac’a preguntas agresivas y en un tono muy irrespetuoso. Como maestro, recibo bien las preguntas. Pero era muy obvio que a este estudiante, ingeniero civil treinta–ero llamado JosŽ, le disgustaba yo y la materia que ense–aba.

 

Un a–o y medio m‡s tarde, mi esposa se top— con Žl en una tienda. JosŽ le indic— que quer’a visitarme, insistiendo en que era muy importante que lo hiciera.

 

Sentado en el sof‡ de nuestra sala, me dijo:

 

- ÀRecuerda su clase a la que yo asist’a?

- Claro que s’- le contestŽ.

- Le hice la vida muy dif’cil. Estoy aqu’ arrepentido del pecado que comet’ contra usted-.

 

Parec’a que se pon’a demasiada seria la cuesti—n, una simple disculpa hubiera sido suficiente. Pero Žl continu—:

 

- Deje que le cuente lo que ha sucedido. Desde la œltima vez que le vi, he perdido mi empleo, mi casa y casi pierdo a mi familia. Fui falsamente acusado de fraude y casi termino en la c‡rcel. Todo se ha aclarado a mi favor, pero al preguntarle a Dios por quŽ ha permitido que esto me sucediera, Dios me ha mostrado mi arrogancia, orgullo, autosuficiencia e independencia. Me record— la manera que yo le trataba en esa clase.

- JosŽ, le perdono.

- Una cosa m‡s, antes de terminar- me dijo. –Dios me ha dicho que me siente a sus pies para aprender.

- Si su Pastor est‡ de acuerdo, yo lo har’a.

- Lo est‡- respondi— JosŽ- Ya se lo he preguntado.

 

Por lapso de un a–o, fui el mentor de JosŽ en liderazgo cristiano. El fue un magn’fico estudiante y luego fue ordenado como Anciano de su iglesia.

 

Incidentes de este tipo son muy raros. A menudo, la labor de un mentor sucede de manera m‡s normal. Pero es un ejemplo dram‡tico que contesta la pregunta: ÀC—mo podr‡n los disc’pulos reconocer que Dios nos ha hecho competentes como mentores?

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Dios mismo le mandar‡

personas para que les sea mentor.

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Respuesta: No se preocupe por ello. De una u otra manera, Dios mismo se los har‡ saber.

 

De este cap’tulo aprendemos:

 

1.    Todos los llamados a un cargo de liderazgo b’blico, como el de Pastor o Anciano, son tambiŽn llamados a ser mentores.

 

2.    Necesitamos la gracia de Dios para hacer el trabajo de un mentor, tal como la necesitamos en todas las otras ‡reas.

 

3.    Las personas que se sienten competentes para ser mentores, probablemente no deber’an serlo.

 

4.    Los tipos de personalidad no tienen nada que ver con el Žxito como mentor o con la dirigencia o el liderazgo en general.

 

5.    Nuestras defectos no son un obst‡culo para esta labor de mentores, porque Dios las emplea como parte del proceso.

 

6.    Asumimos que poseemos la unci—n del Esp’ritu Santo para ser mentores, porque Dios siempre otorga unci—n junto con el llamamiento.

 

7.    Dios se encargar‡ de hacer que los disc’pulos se sometan al liderazgo del mentor.
Preguntas de Estudio del Capitulo Veinte

 

1.   ÀC—mo podemos saber si somos llamados a ser mentores de otros, en su preparaci—n para l’deres?

 

 

2.   ÀQuŽ nos de la competencia para ser un mentor?

 

 

3.   Describa el papel que juegan nuestras defectos en nuestro trabajo de mentor.

 

 

4.   ÀExiste una conexi—n que existe entre el tipo de personalidad y la efectividad de un l’der? ÀPor quŽ o por quŽ no?

 

 

5.     Describa la inefectividad de las pruebas sicol—gicas como criterio al determinar la competencia en el liderazgo.


CAPêTULO VEINTIUNO

 

La labor del mentor: Un convenio

 

 

Esta labor era de tipo formal. Los arreglos de esta relaci—n fueron iniciados por el Presbiterio y se registr— en las minutas oficiales.

Una tercera situaci—n se dio cuando un doctor en Medicina deseaba ser ordenado en nuestra denominaci—n. ƒramos amigos y hab’amos trabajado juntos en diversos proyectos. En retrospectiva, la labor de mentor transcurr’a de manera natural en este caso.

Este tercer ejemplo fue informal, sin registros escritos, iniciado por Dios mismo.

Cada una de estas situaciones exig’a una diferente aproximaci—n y tratamiento. El resultado ser’a el mismo. Todos los tres candidatos fueron eventualmente ordenados.

La relaci—n del mentor puede ser formal o informal, acordada o asumida. Puede ser iniciada por cualquiera de las partes. Como quiera que suceda, un convenio entre el mentor y su disc’pulo es un acuerdo entre ambos,  acerca del proceso de preparaci—n.

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Un convenio de mentores es un acuerdo

entre el mentor y su disc’pulo

sobre el proceso de preparaci—n.

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TODAS LAS RELACIONES TIENEN SUS REGLAS

 

Hasta las relaciones m‡s casuales entre vecinos incluyen ciertas reglas t‡citas acerca de la propiedad y la privacidad. Otras relaciones como el matrimonio son sujetas a reglas m‡s expl’citas y extensas.

La labor de mentor que prepara l’deres tambiŽn sigue ciertas reglas. Definirlas es de gran ayuda, ya que la preparaci—n de l’deres involucra aspectos de la vida privada.

Si la relaci—n es formal, las reglas puede que estŽn por escrito. Si ha existido alguna relaci—n anterior entre ambas partes involucradas en el proceso, tal vez no sea necesario ponerlas por escrito.

En nuestro sistema de entrenamiento de Visi—n R.E.AL., definimos claramente las reglas:

 

¥     El mentor y el disc’pulo se deben reunir por lo menos una vez por mes para discutir el proceso de preparaci—nÉ problemas y planes del ministerio.

 

         ¥   Se asignar‡ un ministerio al futuro l’der.

 

         ¥   El mentor evaluar‡ a su disc’pulo cada tres meses, en todas las ‡reas de su vida, usando el formulario de evaluaci—n provisto por Visi—n R.E.A.L. En esto se requiere apertura y franqueza.

 

El acuerdo para realizar esta labor contiene, por lo tanto, un compromiso mutuo. Ambas partes acuerdan ser francas. El disc’pulo accede a ser corregido e instruido en todas y cada una de las ‡reas de su vida, no solo en su desempe–o en el ministerio. El mentor se compromete a dar una preparaci—n adecuada llena de amor y cuidado.

 

COMPROMISO DE CAMBIO

 

ÀHa conocido a alguna persona decidida a continuar siendo tal como ahora es? Todos tenemos cierta resistencia natural al cambio. Sin embargo, algunas personas la proclaman abiertamente.

El disc’pulo debe estar dispuesto a aceptar cambios en todas las ‡reas de su vida, si desea asumir el liderazgo.

PISTA: Dentro de una iglesia local, evite decir a los candidatos que se les prepara para el liderazgo. Es mejor indicarles que se est‡n preparando para servir mejor a Dios, de acuerdo con sus dones.

En el Ecuador, se suscit— un serio problema, cuando se invit— a un din‡mico hombre de negocios a una posici—n de liderazgo. Est‡bamos seguros de que sus habilidades en el campo de los negocios transferir’an naturalmente al ambiente de la iglesia.

Pero hubo que retirar su candidatura debido a una actitud arrogante y nada abierta a aceptar correcci—n alguna.

El aludido tom— esto como una humillaci—n pœblica y trat— de vengarse, lanzando calumnias acerca de los l’deres de la iglesia, entre toda la congregaci—n. El verdadero motivo de querer llegar al liderazgo era su propia gloria, no la gloria de Cristo.

Si no se puede evitar que la persona sepa que es un candidato al liderazgo, por lo menos se debe tratar de no anunciarlo, en caso de que no funcione lo previsto.

 

ÀA QUIƒN SE DEBE SELECCIONAR

PARA EL PROCESO?

 

Nuestro equipo en el Ecuador ten’a como candidato al Pastorado, a un joven con gran habilidad oratoria. Un l’der de campo bastante inmaturo lo hab’a candidatizado, sin consultar previamente con el equipo. Como David, el candidato, estaba sin trabajo, el l’der le hab’a ofrecido una beca, con fondos del presupuesto del equipo. David llegaba casi siempre atrasado.

David era el tipo de persona persuasiva que pod’a vender arena en el desierto. Sin embargo, nunca complet— una sola tarea y sus pretextos eran muy creativos.

Un d’a, el pastor me rog—: -Hermano Roger, por favor retire la candidatura de David. El no se aplica en nada y echa la culpa al liderazgo de sus propias faltas. Hemos ya luchado con este hombre m‡s de cinco a–os y aœn no es digno de confianza.

 

Un error comœn

 

ÀConsiste nuestra labor de mentores en transformar a un hombre infiel en fiel? El Ap—stol Pablo, en I Timoteo, limita la candidatura solo a hombres fieles.[1]

ConversŽ sobre este asunto con un misionero de nuestro equipo en el Ecuador. El deseaba ordenar a cuatro miembros, sin que pasaran por la preparaci—n establecida por el equipo de misioneros.

 

-Roger- me dijo, - lo œnico que se requiere en la Biblia para la ordenaci—n es una buena reputaci—n.

- ÀDe d—nde obtuviste esa idea, Sam?- le preguntŽ.

- En I Timoteo 3, Pablo se refiere a que la fidelidad es el œnico requisito o condici—n para ser ordenado. No necesitamos nada m‡s que eso.

- Sam, observa detenidamente el texto nuevamente. Pablo dice Deben ser probados, Pablo no dice que deben ser ordenados tan pronto como muestren su fidelidad. Lo que dice es que Òescojan hombres de car‡cter fiel y los preparenÓ Las calificaciones en I Timoteo 3 NO son referentes a la ordenaci—n. Se refieren a la candidatura.

Sam pregunt— en tono sarc‡stico. - Entonces pues. ÀD—nde se encuentran las calificaciones para Ancianos, si no son Žstas?-

-El resto de las ep’stolas pastorales son las calificaciones requeridas. Tales ep’stolas nos indican que los Ancianos deben poder evangelizar, refutar falsas doctrinas y realizar otras obligaciones m‡s. Las cualidades de car‡cter dadas en I Timoteo 3 son solo la armaz—n  sobre la cual  se asientan otros aspectos del liderazgo. ònicamente  su car‡cter no los califica.

 

Sam cedi— eventualmente en este punto.

 

La fidelidad es lo primordial. No importa cu‡ntos dones tenga un disc’pulo, si su car‡cter es inestable, no se le podr‡ ense–ar. No importa cu‡n talentoso sea, queda descalificado como candidato.

 

El Principio # 1 en la selecci—n de candidatos esÉ

Escoger a un creyente fiel.

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Escoger a un creyente fiel.

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APERTURA Y FRANQUEZA

 

En una escuela de preparaci—n de misioneros en Londres, donde yo ejerc’a el ministerio, recibimos a un nuevo misionero. El y su esposa habitaban un apartamento en el segundo piso. Un d’a, ten’a que preguntarle algo, toquŽ a su puerta y Žsta apenas se abri—, casi sin permitir la vista.

Durante toda la pl‡tica, la puerta no se abri— ni un solo cent’metro m‡s. Decid’ ignorar el incidente, asumiendo que tal vez la esposa estar’a vistiŽndose o descansando. Pero, esto se repiti— muchas veces m‡s y otros ya lo llegaron a notar tambiŽn.

Esta actitud era un reflejo de su personalidad. Su vida privada era vedada para todos. El ministerio era para Žl,un empleo de 8 a 4. Casi no pudo lograr nada y dej— el ministerio luego de un corto tiempo.

Por el contrario, cierta vez visitamos a una familia misionera que ministraba a j—venes en la Argentina. Su puerta estaba abierta de par en par. Los j—venes entraban y sal’an. Uno de los cuartos de huŽspedes lo ocupaba un joven de otra ciudad que hab’a llegado hac’a tres semanas.

Le preguntŽ a la esposa del misionero: -ÀC—mo mantienen algo de privacidad? – RiŽndose, ella me contest—: - ÀPrivacidad? ÀQuŽ es eso?

Durante los cuatro d’as de nuestra estad’a, un joven proveniente de un ambiente familiar malsano coment—: - Antes de conocer a los Smith, hab’a decidido nunca casarme. La familia era como una pesadilla para m’. He cambiado de idea. Ahora sŽ c—mo es una verdadera familia.

El hogar de esta familia misionera era un reflejo de su gran coraz—n. Recuerde que: El liderazgo y la privacidad no admiten mezcla.

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El liderazgo y la privacidad

no admiten mezcla.

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En algœn punto, usted como mentor debe comunicar claramente que su labor de mentor envolver‡ todas las ‡reas de la vida de su candidato. Esto incluye a la familia, las relaciones con sus colegas, su vida devocional y su competencia en el ministerio.

Algunas personas pueden tomar esto como una intrusi—n. Si usted les muestra interŽs por su bienestar y respeto personal, no lo ver‡n de esa manera.

El convenio entre el mentor y su disc’pulo  requiere franqueza mutua.

 

APERTURA MUTUA

 

No podemos esperar que otros abran su coraz—n y su vida si nosotros no hacemos lo mismo. Como en las dos parejas de los ejemplos, la una exitosa y la otra no. Lo que les diferenciaba era su grado de apertura y franqueza hacia los dem‡s.

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El convenio entre el mentor y su disc’pulo

requiere franqueza mutua.

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PISTA: Cu’dese del Sr. Inc—gnito

 

ÀConoce algunos Se–ores Inc—gnitos?   Son el tipo de persona a quien se puede contactar solo si Žl as’ lo desea. Estas personas acomodan su vida de manera que nadie las pueda contactar, a menos que ellos quieran serlo. Uno llama a su casa y nadie contesta, entonces se deja un mensaje. Nunca se sabe d—nde se hallan. Toda su conducta dice: -No me llame, yo le llamarŽ-.

 

Ellos deciden si el contacto se lleva a cabo o no. Los Se–ores Inc—gnitos son descalificados para el ministerio, especialmente de liderazgo. El motivo no es solo este mal h‡bito o temperamento. La raz—n es que a ellos no les interesa realmente la gente.

 

Si se candidatiza a un Sr. Inc—gnito, se debe calcular bien si se podr‡ o no curarle de su s’ndrome. Si no, dŽle algœn ministerio como a cualquier miembro de la iglesia, pero no la ordenaci—n.

 

Principio # 2 para selecci—n de candidatos

Seleccione candidatos por su apertura y la franqueza

 

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Seleccione candidatos por su apertura

y la franqueza.

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AUTO-MOTIVADOS

 

ÀQuŽ estaban haciendo los disc’pulos cuando Jesœs los encontr— por vez primera? ÀSentados por all’ esperando que alguien les dijera quŽ hacer? NO. Estaban trabajando.

Algunos ten’an su negocio propio; eran pescadores o cobradores de impuestos. Jesœs no los fue a buscar en algœn mercado donde se reœne la gente en busca de trabajo. El encontr— gente que hoy llamamos: proactivos. Esto significa que son auto-motivados, personas con iniciativa, que no necesitan que alguien le enciende los motores para que produzca.

Antes de conocer a Cristo, Sim—n el Zelote pertenec’a a un movimiento anti-romano que ense–aba que la violencia era leg’tima. Zelote era el nombre del movimiento. Era un hombre con visi—n y celo en busca de un cambio pol’tico.

Mientras Sim—n buscaba la manera de causar bajas a los romanos, Mateo estaba iniciando su propio negocio recolectando impuestos. Pedro se dedicaba a su negocio de pesca.

Cristo no hizo nada para apagar la visi—n y celo de Sim—n. Simplemente los redirigi— hacia Dios. Tampoco hizo nada para prohibir a Mateo su recolecci—n. Solamente le ense–— a recolectar algo diferente de impuestosÉ almas. Tampoco puso obst‡culos para que Pedro siguiera con sus labores de pesca. Solo que le ense–— a pescar b’pedos...los hombres.

Estos eran hombres en acci—n. Por Cristo, cada uno de ellos lleg— a desarrollar visi—n para la gloria de Dios y el avance de su reino.

ÁIniciativa! ÁVigor! Impartir una visi—n a personas proactivas no se calificar como algo dif’cil.

ÀCu‡l es el punto? Es muy raro que una persona con visi—n vea pasar la vida sin m‡s. Lo que distingue a un obrero cristiano ordinario de un l’der genuino es su visi—nÉ su deseo ardiente de lograr algo significativo para Dios. Generalmente, una visi—n nace en el coraz—n de personas auto-motivadas.

 

Principio # 3 en la selecci—n de candidatos

Escoja a personas auto-motivadas

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Escoja a personas

auto-motivadas

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SON ESENCIALES LOS DONES

 

La Biblia se refiere mucho a los dones para el ministerio. Es importante la experiencia, pero los dones son indispensables.

Dios llam— a Jerem’as y le dio el don de profec’a.  Aunque no ten’a experiencia, Dios le orden— enfrentarse a los ancianos de Israel. Era costumbre jud’a dar prioridad a los de edad m‡s avanzada, cuando se trataba de dirigirse a un grupo. Sin embargo, el Se–or le orden— ignorar su propia apariencia juvenil.(Jer. 1:5-9)

Igualmente, Pablo le dijo a Timoteo que no deje que otros tuvieran en poco su juventud (I Tim. 4:12). No sabemos cu‡l habr‡ sido la diferencia de edades entre Timoteo y sus disc’pulos. Quiz‡s algunos fueran mayores que Žl.

Suponga que debe seleccionar un maestro para adultos de la escuela dominical; hay dos candidatos: uno tiene experiencia pero no un claro don de ense–anza; el otro es dotado con un don de ense–anza aunque nunca ha impartido una clase de adultos en la escuela dominical. ÀA cu‡l escoger’a?

Seleccione al que tiene el don. Aunque al principio cometer‡ errores, aprender‡ r‡pido y pronto sobrepasar‡ al otro. Es como dos corredores, uno que tiene una ventaja al empezar, pero es m‡s lento. Al cabo del tiempo, ganar‡ el m‡s veloz.

Solo en base de la experiencia, muy rara vez se supera la mediocridad. Para lograr la excelencia en su ministerio como mentor debe primero seleccionar candidatos en base de talentos y dones. La combinaci—n de talento y experiencia es la mezcla explosiva que har‡ crecer su movimiento. Si deja de lado este principio, estar‡ condenando su movimiento a la mediocridad.

 

Principio # 4 para seleccionar candidatos

Escoja a los que tienen dones. La experiencia es secundaria.

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Escoja a los que tienen dones.

La experiencia es secundaria.

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TRABAS PELIGROSAS EN LA LABOR DE MENTORES

 

Cu’dese de los clones

 

Confieso un defecto personal. Siento un gran deseo de que mis alumnos sean te—logos y escritores. Pero, me alegro que no sea as’. El mundo se volver’a en aburrimiento.

Es una tendencia muy comœn de los mentores, el querer ver que sus disc’pulos se vuelvan como ellos. Su obligaci—n como mentor es lograr que su disc’pulo llegue a ser m‡s de lo que Žl es, no m‡s de lo que usted es. Su labor como mentor consiste en describir su don y ayudarle a desarrollarlo, sin importar si usted tiene o no el mismo don.

 

Evite las reglas

 

Cuando asigne el ministerio que habr‡ de hacer su disc’pulo, evite darle una larga lista de reglas, pues estar’a rest‡ndole la pr‡ctica en tomar decisiones y de ser creativo en el proceso de preparaci—n. Deje que realice el trabajo a su propia manera, dentro de los par‡metros generales se–alados por usted.

 

No a los sobrantes

 

No permita que nadie entregue a su candidato, retazos sobrantes de ministerios que otros no desean hacer. Al asignarle su ministerio, asegœrese de que sea valioso y satisfactorio.

 

Amplitud innecesaria

 

Una falacia en la preparaci—n de l’deres, es enfocar en sus ‡reas dŽbiles para que sean competentes en todo. Los œnicos ministros absolutamente competentes fueron los ap—stoles; y ellos ya murieron. Enfoquese en las fortalezas de sus candidatos para especializar en ellas.

 

En este cap’tulo aprendemos:

 

1.  El convenio de mentores es un acuerdo entre el mentor y un candidato, en todo lo que tiene que ver con procedimientos en el proceso de preparaci—n.

 

2.  Este convenio requiere apertura mutua.

 

3.  Al seleccionar candidatos al liderazgo, debemos seleccionarlos por

     a. Su fidelidad

     b. Su apertura y franqueza

     c. Su iniciativa

     d. Sus dones

 

4.  Debemos cuidarnos de las siguientes trabas peligrosas en la labor de mentores:

     a. Tratar de que el candidato sea una copia del mentor.

     b. Supervisar muy de cerca.

     c. Asignar al candidato sobrantes de otros ministerios.

     d. Enfocar en las debilidades y no en las fortalezas.
Preguntas de Estudio del Capitulo Veintiuno

 

1. Describa el significado de "franqueza mutua"

 

2. Describa los 4 factores a considerar en la selecci—n de candidatos

     a.

     b.

     c.

     d.

 

3.  Explique por quŽ los dones son secundarios con respecto a la experiencia, en la selecci—n de candidatos.

 

4.      Describa dos o m‡s trabas peligrosas en la labor de un mentor y alguna otra que usted haya observado o experimentado, que no haya sido mencionada en este cap’tulo.



[1]        Tal procedimiento era t’pico de este l’der de campo. Violaba el principio de Žtica y cortes’a ministerial. Aprend’ mucho de este l’der, en cuanto a c—mo NO liderar.


[i] . Buckingham&Coffman.  First, Break All The Rules. [Primero, Rompe Todas las Reglas], Simon&Schuster      New York, NY, 1999.

 

A muchos de los que disfrutaron de este ensayo, también les gustó nuestro libro, Liderazgo Cristiano