Me molesto cuando yo veo que algunos predicadores declaran su fe de maneras jactanciosas.
En las charlas privadas con tales personas, he notado en ellos los mismos temores y frustraciones
que nos acechan a todos nosotros.
Una vez un evangelista compartió conmigo su dificultad de confiar en Dios con respecto a sus
finanzas. Esta confesión humilde me bendijo y nos impulsó a una discusión de cómo nuestras
fuerzas mutuas están designadas para compensar las debilidades de los demás. "Confesaos
vuestras ofensas unos a otros...". Stgo. 5:16
La fe es una virtud delicada. Muchos acostumbran usar la palabra "fe" para describir una gran
variedad de virtudes o actitudes, sin entender la enseñanza bíblica sobre ella. La fe tiene varias
falsificaciones. Por lo tanto es imprescindible identificar la diferencia entre la fe y estas
falsificaciones, si queremos sacar provecho de las grandes promesas que Dios nos ofrece en Su
Palabra.
"Y les dijo: 'Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo?' Ellos dijeron: 'Nada.' Y les dijo: 'Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una." Lucas 22:35 36.
Algunos piensan en el maná del desierto en el libro de Exodo como el ejemplo ideal de la
provisión milagrosa y de la guía divina. Pero los judíos estuvieron en el desierto por causa de su
incredulidad. Tal vida de desierto no era la voluntad de Dios para ellos. ¿Qué sucedió, pues, cuanto
entraron en la Tierra Prometida? ¡Se terminó el maná! La provisión milagrosa se acabó. En lugar de
eso, ellos plantaron mieses, planearon los días de fiesta, y trabajaron como cualquier pueblo. Su fe
en Dios se manifestaba por el proceso ordinario de sembrar y cosechar. Esto, no el desierto, es la
vida de fe.
Observemos cómo Dios envió agua al Rey Josafat en II Reyes 3:16-17. Dios les hizo cavar fosos primero. ¿No pudo Dios cavar Sus propios fosos? Claro. Pero Dios quiso que ellos demuestren la realidad de su fe.
El orden correcto de eventos es importante. Primero, Dios les dio la promesa de que iba a
enviarlos agua. Luego requirió una manifestación práctica de fe de parte de ellos. Una vez cavados
los fosos, Dios envió la aguas. Eso sería actuar en insensatez antes que en fe.
Al enfrentar problemas como la enfermedad o problemas económicos, u otras necesidades,
olvidan de que Dios, a veces, requiere un acto de fe antes de que la respuesta llegue. Acaso requiere
que el creyente contribuya una cierta cantidad de dinero como un paso de fe. O que el enfermo
tome, literalmente, un paso antes de ser sanado. No olvidemos que la fe es activa, no pasiva.
Las personas viven frecuentemente en esperanza, sin resultados, imaginándose que ellas están ejercitando la fe. ¡Qué trágico! Con un poco de instrucción en como acertar la voluntad de Dios y confiar en la promesa, la esperanza podría ser transformada en una fe productiva.
Una buena manera para poner a prueba esta diferencia es preguntarle a una persona, "Qué le ha dicho Dios con respecto a esto?" La mirada atónita de la persona revelará que la persona tiene una esperanza, no la fe.
A veces notamos este malentendimiento en los enfermos que piden oración para ser sanados. Piden con la esperanza de recibir mejoría, aunque viven en pecado, el hogar lleno de ídolos, y con poca intención de entregarse plenamente a Cristo. Luego, imaginan que la "fe" en Dios ha fallado. No se dan cuenta que la fe cuesta mucho más que la esperanza.
¿Qué es lo que cambia la esperanza en fe? Solamente una promesa de Dios puede hacerlo. Yo insisto que nuestros convertidos reconozcan promesas personales de Dios, las escriben y las revisan periódicamente. Sin un entendimiento de las promesas de Dios, un Cristiano no avanza espiritualmente.
La vida de Abrahán ilustra bien esta verdad. Abrahán deseaba un hijo mucho antes de que Dios le diera las promesas. Tenía la esperanza de que algún día Sara concebiría. Pero cuando vino la promesa, sus esperanzas se transformaron en fe, porque tenía algo mas sólido en apoyarse. Sus esperanzas se transformaron en una fe sólida.
Tratar de tener fe sin una promesa de Dios es frustrante. Eso no es fe, sino solamente la esperanza. Es la promesa que da certeza a la esperanza y la transforma en fe. Así dice el escritor de Hebreos 11:1-"...la fe es la certeza de lo que se espera..." El contexto del Capítulo anterior confirma esto. En Hebreos 10:36-39, el escritor exhorta a los creyentes que se sostengan en las promesas de Dios. Al hacer esto, la esperanza se transforma en fe, como en el caso de Abrahán.
¿Es realmente escritural usar la Palabra de Dios para obtener promesas personales como esa? ¡Claro! Tanto que uno no abusa del significado original del texto, apoyandose en el principio básico del texto, es aceptable. Es cuando añadimos interpretaciones imaginarias, o aplicaciones personales fuera de contexto, que estamos abusando de la Palabra de Dios.
La fe no es un Asunto de Personalidad o de Temperamento.
Algunos nacen con una personalidad encantadora. Este don les abre puertas
y les rinde una vida más fácil. El que tiene encanto anda
en un camino con pocos obstáculos. Para nosotros los que no tenemos
tal don, es una lucha mas fuerte. El encanto puede ser una fuerza maravillosa
si Dios lo controla. Pero bajo el dominio de motivaciones carnales, es desastroso.
Esto es cien veces verdad cuando personalidades encantadoras suben al púlpito.
Cuando los hombres encantadores entran al ministerio, ellos usualmente desarrollan
un seguimiento ciego y leal. Todo lo que hacen se ve como correcto en los
ojos de sus seguidores. Cada error es disculpado. Son vistos como sabios
y sus opiniones son aceptadas. Desarrollan un estilo lleno de retórica
entretenida. Por años he tratado de descubrir como logran esto. A
pesar de que podríamos envidiar a tales personas, podemos comfortarnos
en esto: El encanto mueve a las personas, pero la fe mueve las montañas.
Algunos cristianos reposan su fe en tales hombres antes que en las promesas Bíblicas.
Similares a los que tienen encanto, existen predicadores quienes suponen que las opiniones
fuertes y las afirmaciones autoritarias son una manifestación de fe. Cuando una persona hace una
afirmación fuerte acerca de la fe, pregúntese a sí mismo si ella tiene datos firmes equivalentes a la
fuerza de sus afirmaciones.
Las personalidades fuertes normalmente están muy seguros acerca de lo que es la voluntad de
Dios para otros a su alrededor. Esta tendencia a veces causa que empujen a las personas en
direcciones contrarias a la voluntad de Dios. Si permitimos que nos hagan esto a nosotros, no
estamos andando con fe, sino con intimidación. Tales personas son capases de mezclar un poco de
voluntad fuerte, salpicado de temperamento desenfrenado, rociado con fervor, y luego le ponen a
esta mezcla la etiqueta de "fe". En realidad, lo que tienen es un formulario para el desastre.
Esta confusión entre la presunción y la fe era la causa de la muerte de los diabéticos.
Los Israelitas aprendieron esto en una forma dura cuando ellos "subieron presuntuosamente a la montaña" a pelear con sus enemigos (Deuteronomio 1:43). ¿Qué estaba mal con eso? Ellos habían peleado antes con sus enemigos y habían ganado. ¿Y por qué no también esta vez? Seguramente Dios entendería las intensiones de sus corazones y pasaría por alto el hecho de que El les dijo que no lo hicieran. Pero los Amonitas vinieron "y los cazaron como abejas" y los derrotaron. La única diferencia real entre ese incidente y las batallas previas, era la voluntad revelada de Dios. Sí, Dios quiere que ganemos nuestras batallas. Pero solamente como y cuando El dice.
¿Cuál es, pues, una buena definición de fe? La fe es una dependencia activa en el poder de Dios
para realizar su voluntad revelada. La fe, entonces, contiene tres elementos:
1. Está basada en las promesas de Dios.
2. Es activa, no pasiva.
3. Es dependiente, no presuntuosa.
Si cualquiera de estos tres elementos faltan, no es realmente la fe, sino solamente una
falsificación improductiva.
La fe está vinculada con todo lo que somos. Ella obra por el amor, se mueve con paciencia, y
anda con humildad. Nunca entenderemos todo acerca de la fe en esta vida. Por eso, tengamos
cuidado de respuestas cómodas, habladuría impetuosa, la presunción y otras falsificaciones. Todos
tenemos mucho que aprender.
Esta es la madurez en Cristo.
A muchos de los que disfrutaron de este ensayo, también les gustó nuestro libro, Si, Jesus .
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