ÁFelizmente Justificados!

 

 

por

 

Rev. Roger L. Smalling, D.Min.

 

 

 

 

©Miami, Junio 2004 Todos los derechos reservados por Roger Smalling.

 


Sobre el autor

 

El doctor Roger Smalling y su esposa Dianne han trabajado en el ministerio desde 1964, en Europa y AmŽrica Latina. Su experiencia en el establecimiento de iglesias y preparaci—n de l’deres en pa’ses cat—licos les convenci— de la necesidad de buena literatura que exponga el evangelio con profundidad y precisi—n teol—gica.

 

El doctor Smalling funge como director y fundador de Visi—n R.E.A.L, rama hispana de la misi—n Ministerios en Acci—n. Este t’tulo es un acr—nimo en espa–ol de ÒReforma en AmŽrica LatinaÓ y se ocupa de establecer y supervisar los centros de preparaci—n de l’deres de la regi—n de habla hispana y distribuci—n de literatura pertinente a esta visi—n.

 

Sus libros se distribuyen por AmŽrica Latina y a travŽs de su p‡gina electr—nica en Internet. Sus ensayos y estudios son un recurso valioso para muchos. Y est‡n disponibles en: www.Smallings.com.

 

El doctor Smalling fue ordenado al ministerio por la Iglesia Presbiteriana de las AmŽricas, una rama teol—gicamente conservadora del movimiento de la Reforma Protestante del siglo XVI.


ÒSinceramente, no entiendo c—mo alguien pueda decir: ÔCreo que la Biblia es la Palabra de DiosÕ sin sentir pasi—n con tal confesi—n. Amo la Trinidad, la justificaci—n por la fe, la Resurrecci—n y la Sola Escritura. No puedo ser indiferente con estas cosas y, como tal, respaldo estrictamente esta declaraci—n: Para empezar, los eruditos cristianos que sientan poca pasi—n con la verdad no merecen el nombre de creyentes. Si la indiferencia y el despego son atributos indispensables de la erudici—n, no la procuro. No puedo entender una fe seca, una confesi—n ‡rida ni una simple aprobaci—n mentalÓ.

-James White, de Scripture Alone, p. 10.
Prefacio

 

 

De todos los temas que deber’an destilar pasi—n, la justificaci—n por gracia ocupa un lugar supremo. ÀPor quŽ raz—n? !Porque se trata del evangelio! No  s—lo de algo concomitante, sino del evangelio en s’. Los escritores del Nuevo Testamento siempre lo abordaron con pasi—n.

 

Aun cuando este tema debe manejarse con seriedad acadŽmica, he intentado a–adirle un toque de gusto. Tal como la fe sin obras es muerta, tambiŽn lo es la justificaci—n sin pasi—n.


CONTENIDO

 

Cap’tulo 1: !Y ahora a disfrutar!

Cap’tulo 2: La palabra ÒjustificarÓ

Cap’tulo 3: La imputaci—n

Cap’tulo 4: La justicia de Cristo

Cap’tulo 5: La fe que justifica

Cap’tulo 6: Lo que la fe es y no es

Cap’tulo 7: Los beneficios

Cap’tulo 8: La doctrina cat—lico romana de la justificaci—n

Cap’tulo 9: Devoradores de sombras: El lado oscuro de la fe reformada

Cap’tulo 10: Deja de llamarte pecador

Conclusi—n

ApŽndice A: Easton sobre imputaci—n

ApŽndice B: Buchanan sobre justificaci—n

Glosario

Bibliograf’a

Notas finales

Cap’tulo 1

ÁY ahora a disfrutar!

 

     El ap—stol Pablo no era ningœn te—logo de fr’o intelecto que dictaba conferencias de temas teol—gicos abstractos. Aunque la justificaci—n no es un sentimiento, sino un decreto, deber’a causarnos un impacto emotivo. Es totalmente l’cito sentir gran emoci—n, incluso al punto de exaltarnos, al pensar en ella.

 

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Se–or Jesucristo.

     Romanos 5:1

 

ÁQuŽ apropiado que Pablo mencionara primero la paz! Ya no estamos en guerra con Dios, ni Dios nos amenaza con su ira. Podemos sentir la seguridad de que ƒl nunca cambiar‡ su veredicto de Òno culpable.Ó

 

Adi—s, pues, a una esperanza basada en nuestra propia rectitud. Adi—s tambiŽn a pensar en que nuestra aceptaci—n se fundamenta en nuestra conducta.

 

Sin embargo, una buena manera de disfrutar de nuestra justificaci—n es contemplando su permanencia. Esta permanencia es nuestro Òestado de gracia.Ó

 

En Romanos 5:2 Pablo afirma:

 

... tambiŽn tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

 

Firmes. Una vez justificados, estamos firmes en la gracia. El estado de gracia del creyente justificado por fe, nunca cambia. Esto es cierto tambiŽn para el creyente debil o nuevo, porque poderoso es el Se–or para hacerle estar firme. (Romanos 14:4)

 

No es de admirarse entonces que Mart’n Lutero dijera que la justificaci—n es el art’culo en el cual la Iglesia se afirma o se cae.[1] Esto justifica, perd—n por la redundancia, por quŽ dedicamos un libro completo a la justificaci—n.

 

Mientras que otras doctrinas claves iluminan la gracia salvadora, la justificaci—n por la fe constituye el mensaje mismo del evangelio.

 

La justificaci—n ocupa un alto puesto en la lista de verdades por las cuales vale la pena vivir o morir, pues en ella se encuentra la respuesta a la pregunta: ÀC—mo pueden los pecadores reconciliarse con un Dios Santo y librarse de su juicio?

 

La justificaci—n por fe fue, con todo derecho, el grito de batalla de la Reforma protestante. Los l’deres reformadores eran fieles ministros que deseaban la salvaci—n de la gente, incluidos ellos mismos. ÁQuŽ tremendo golpe debi— haber sido descubrir que, por siglos, Roma enga–— a millones, haciŽndoles creer en un mensaje de Òsalvaci—nÓ que no salvaba a nadie!

 

El celo reformista fue totalmente justificado, aunque bajo los par‡metros modernos donde todo se tolera —incluso el pecado—, parecer’a exagerado. Si la analizamos bien, esa pasi—n les ven’a directamente de su predecesor, el ap—stol Pablo.

 

Pablo era generalmente de trato agradable. Sus cartas as’ lo demuestran, pues en ellas se puede ver desde su paternal ternura hacia los tesalonicenses, hasta su voluntad de vivir o morir entre los caprichosos corintios. La sensibilidad de Pablo era totalmente genuina. Sin embargo, lo o’mos clamando anatemas sobre los que quieren pervertir el evangelio de Cristo (G‡latas 1:7).

 

Varios pasajes en G‡latas y Romanos revelan que cuando Pablo usaba el tŽrmino evangelio se refer’a a la justificaci—n por la fe. Para el ap—stol, otras definiciones del evangelio no son el evangelio del todo ... para seguir un evangelio diferente. No que haya otro ... (G‡latas 1:6-7). Consideraba cualquier alteraci—n de su ense–anza como una apostas’a, simple y llanamente.

 

Para Pablo, el tŽrmino ÒjustificadoÓ es virtualmente sin—nimo de Òsalvo.Ó

 

Pues mucho m‡s, estando ya justificados en su sangre, por Žl seremos salvos de la ira.

     Romanos 5:9

 

Porque con el coraz—n se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvaci—n.

     Romanos 10:10

 

Podemos darnos cuenta de la tolerancia de Pablo en asuntos de menor trascendencia, por ejemplo en el cap’tulo 14 de Romanos. En lo que s’ es inflexible es en la definici—n de evangelio, al que en Romanos denomina poder de Dios para salvaci—n. ÀQuŽ sucede cuando se pervierte el mensaje? ÁPierde su Òpoder de salvaci—nÓ! De ah’, que se justifique totalmente su pasi—n por defenderlo.

 

Sproul nos pregunta ret—ricamente...

 

ÀRequiere la fe salvadora una confianza absoluta en la justicia de Cristo, como base de nuestra justificaci—n? ÀO puede una persona tener un punto de vista diferente acerca del evangelio y ser considerado cristiano?[2]

 

Cuando se pervierte el evangelio, se da un golpe al coraz—n mismo de la justicia absoluta de Cristo. El ser humano se da la gloria que se debe  solo a Dios. Se destruye la base misma de su salvaci—n.

 

Esto es lo que Roma ha hecho con  millones de personas. Los siglos no han cambiado la perversi—n hecha por Roma a la doctrina de la justificaci—n, a pesar del Vaticano II o del movimiento ecumŽnico. Hay que decirlo, y ahora m‡s que nunca.

 

Incluso entre los evangŽlicos existen malentendidos acerca de la justificaci—n que, a pesar de  no llegar a comprometer al evangelio mismo, s’ afectan nuestra imagen de Dios, nuestra propia imagen y tambiŽn los principios de la vida cristiana.

 

Por consiguiente, en este estudio, examinaremos la justificaci—n en mayor profundidad considerando preguntas como:

 

A. ÀQuŽ significa exactamente el tŽrmino ÒjustificarÓ?

B.  ÀCu‡l es la diferencia entre la fe salvadora y cualquier otro tipo de fe?

C.  ÀQuŽ se entiende por  justicia de Cristo? ÀHay una especie de esencia espiritual infundida dentro de nuestra alma?

D. ÀQuŽ significa la imputaci—n o ÒcontarÓ a la cuenta de un creyente?

E. ÀCu‡les son los beneficios objetivos y subjetivos de la justificaci—n?

 

Luego compararemos la ense–anza b’blica de la justificaci—n con la del catolicismo. Al hacerlo, no queremos parecer duros o implacables, pero s’ demostrar las consecuencias devastadores de los errores.

 

Definirlos no es ninguna sutileza teol—gica. Al igual que las puertas de la Historia, la teolog’a tambiŽn tiene sus peque–os goznes. Tal como ciertos peque–os eventos pueden generar gran impacto al paso del tiempo, tambiŽn los peque–os errores pueden generar herej’as.

 

Hace poco, un amigo cristiano se lamentaba diciendo: ÀPor quŽ no podemos permanecer en lo sencillo? ÀPor quŽ tenemos que complicarlo todo? La respuesta bien podr’a ser: Nosotros no somos quienes hemos complicado el asunto. Nuestros enemigos han tomado el evangelio, en s’ sencillo y lo han complicado con adiciones no b’blicas. Los buenos te—logos saben c—mo desenmascarar los errores y sacar a relucir la sencillez del evangelio.

 

Aclaremos un posible malentendido: cuando sostenemos que la justificaci—n por fe es el evangelio mismo, no queremos decir que todos deben entender la doctrina de la justificaci—n para ser salvos. La mayor’a de los sermones que predicaron los evangelistas del libro de los Hechos, recalcaban el perd—n de pecados a travŽs de Cristo.

 

Esta prŽdica es, en efecto, la doctrina de la justificaci—n en su forma m‡s sencilla. Al decir: ÒSi usted cree en el Se–or Jesucristo, Dios le perdonar‡ todos sus pecados y le dar‡ la vida eterna,Ó estamos predicando la justificaci—n por fe. Pablo usaba el tŽrmino justificar cuando predicaba a personas que comprend’an el concepto, como por ejemplo en la sinagoga de Antioquia (Hechos 13:39).

 

Mediante este estudio, veremos por quŽ el apasionamiento de Pablo lo llev— a escribir dos largas ep’stolas sobre la justificaci—n. TambiŽn podremos darnos cuenta de por quŽ los reformadores estaban decididos a entregar su vida en la hoguera defendiendo esta doctrina. Nos sentiremos animados a predicar el evangelio con una convicci—n mucho m‡s fuerte, sabiendo que el resultado final es sin duda que a los que justific—, tambiŽn glorific— (Romanos 8:30).

 

Resumen

 

La principal raz—n por la que la justificaci—n por fe requiere especial atenci—n y enfoque es porque ella es la que define al evangelio, cuyo significado ha sido distorsionado a travŽs de la historia. Un estudio de esta doctrina nos ayuda distinguir entre el verdadero evangelio y los falsos.

 

De este cap’tulo aprendemos

 

1. La justificaci—n solo por fe es el evangelio b’blico.

2.  Varios movimientos han distorsionado el evangelio y lo han hecho irreconocible.

3. No podemos ceder en esta doctrina, precisamente porque es el evangelio de Cristo. El ap—stol Pablo y los reformadores ejemplificaban un firme compromiso con esta doctrina.

 
PREGUNTAS DE ESTUDIO

 

1.   Explique por quŽ es necesario un an‡lisis profundo de la doctrina de la justificaci—n por la fe.

 

 

 

 

 

2.   Explique por quŽ Pablo, en G‡latas cap’tulo uno, pens— que era apropiado declarar anatemas a quienes no estaban de acuerdo con la correcta definici—n del evangelio.

 

 

 

 


Cap’tulo 2

La palabra ÒjustificarÓ

 

     La justificaci—n es la declaraci—n legal de Dios de que una persona es justa de acuerdo con su ley, siendo su fundamento la justicia perfecta de Cristo, atribuida al creyente por la sola fe.

 

Esta definici—n contiene palabras clave: justificar, imputar, justicia y fe. Al demostrar c—mo se las usa en la Biblia, se comprobar‡ que la definici—n dada es la œnica correcta. TambiŽn se mostrar‡ c—mo se puede caer en distorsiones del evangelio si existen errores al definir las palabras involucradas.

 

La primera palabra que analizaremos es justificar. Antes de esto, haremos un breve resumen de los elementos ya estudiados en S’, Jesœs.

Los elementos de la justificaci—n: Romanos 4

 

     A. El perd—n de pecados (Romanos 4:7).

 

     B. La imputaci—n de la justicia de Cr